La noticia generó conmoción en las localidades de Arenaza (Lincoln, Buenos Aires) y Monte Cristo (Córdoba), donde se encontraban las principales instalaciones de la empresa.
La fábrica, que alguna vez se destacó por su producción y calidad, arrastraba un prolongado proceso de crisis. Según fuentes sindicales y empleados, la empresa acumuló deudas con proveedores, transportistas y trabajadores, con retrasos en los pagos desde 2023 y suspensiones masivas que afectaron la rutina laboral durante los últimos meses.
La planta de Arenaza contaba con 180 empleados, mientras que la de Monte Cristo sumaba unos 200 trabajadores, todos ahora en búsqueda de alternativas laborales. “Es un golpe muy duro para nuestras familias, muchos años de esfuerzo se pierden de un día para otro”, expresó un trabajador que prefirió mantener su nombre en reserva.
La empresa, que supo ser un referente en el mercado regional de lácteos y postres, enfrentó dificultades financieras que no lograron resolverse a tiempo, a pesar de los intentos por negociar deudas y reestructurar la producción.
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